jueves, 25 de agosto de 2011

LA PREPARACIÓN DE LA CENA. Mc 14,12-26.

(Mt 26,17-19; Lc 22,7-13).

12 El primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron sus discípulos:
-¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?
13 El envío a dos de sus discípulos diciéndoles:
-Id a la ciudad, os encontraréis con un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo, 14y donde entre decidle al dueño: "El Maestro pregunta dónde está su posada, donde va a celebrar la cena de Pascua con sus discípulos". 15Él os mostrará un local grande, en alto, con divanes, preparado; preparádnosla allí.
16Salieron los discípulos, llegaron a la ciudad, encontraron las cosas como les había dicho y prepararon la cena de Pascua.

La cena: Denuncia de la traición. (Mt 26,20-25; Lc22,21-23; Jn13,21-30).

17Caída la tarde fue allí con los Doce. 18Mientras estaban reclinados a la mesa comiendo, dijo Jesús:
-Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar, uno que está comiendo conmigo.
19Dejando ver su pesadumbre, le preguntaban uno tras otro:
-¿Seré acaso yo?
20Repuso él:
-Es uno de los Doce, uno que está mojando en la misma fuente que yo. 21Porque el Hombre se marcha, según está escrito acerca de él, pero ¡ay del hombre ese que va a entregar al Hombre! Más le valdría a ese hombre no haber nacido.

La eucaristía (Mt 26,26-30; Lc 22,15-20; 1 Cor 11,23-25).

22Mientras comían cogió un pan, pronunció una bendición, lo partió y se lo dio a ellos, diciendo:
-Tomad, esto es mi cuerpo.
23Y, cogiendo una copa, pronunció una acción de gracias, se la pasó y todos bebieron de ella. 24Y les dijo:
-Ésta es la sangre de la alianza mía, que se derrama por todos. 25Os aseguro que ya no beberé más del producto de la vid hasta el día aquel en que lo beba, nuevo, en el reino de Dios.
26Y después de cantar salieron para el Monte de los Olivos.

EXPLICACIÓN.

12-26. Primer relato (clave teológica). Tríptico en marcado por la preparación de la cena y la eucaristía; en el centro, la denuncia del traidor, en contraste con la figura de la mujer (14,3-9). 

a) (14,12-16): Nueva datación (cf. 14,1): víspera de Pascua (cf. 15,42). La iniciativa es de los discípulos (israelitas) (12). Jesús aprovechará la cena que ellos proponen para mostrarles cuál es la verdadera Pascua. Misión de dos discípulos a la ciudad, contrapuesta a la misión a «la aldea» (11,2). El agua del cántaro, alusión a la actividad de Juan, el que bautizaba con agua (1,8), como señal de enmienda; ante «la ciudad", centro de la institución, los discípulos han de proclamar ante todo la necesidad de ruptura con la injusticia del pasado (13). Pero Juan, precursor, lleva a Jesús: mi posada, el -fin de su camino (1,2); le Pascua verdadera; en alto, alusión a la cruz; preparada por parte de Jesús; preparádnosla: el discípulo ha de colaborar en la realización de la Pascua de Jesús, exhortando a «la ciudad» a la enmienda y proponiéndole un Mesías crucificado (14-15). Ejecución de las instrucciones (16). 

b) (14,17-21): Nuevo momento (d. 15,42). Los Doce se identifican con "los discípulos» de v. 14 (17). Compartir la comida, signo de amistad e intimidad. En la escena no se menciona el nombre del traidor, subrayando su carácter representativo (18). Inquietud de los discípulos (19). Entregar al Hombre, renunciar a todo valor humano e intentar suprimirlo; Judas, cómplice e instrumento de la institución, por miedo a perder su vida (14,11). Esa traición a sí mismo y al hombre en general es el fracaso total de la existencia (cf. 8,36) (21). Jesús conoce y acepta su próxima muerte. 


c) (14,22-26): No se mencionan elementos pascuales judíos. Jesús expresa la voluntariedad de su entrega y muerte. Al ofrecer su cuerpo (= su persona) invita a tomarlo a él y a su actividad como norma de vida (cf. Éx 24,6); él mismo da la fuerza (pan/alimento); no se indica que coman el pan (22). La sangre, la persona en cuanto entregada a la muerte (cf. 10,38, «el trago/copa»); beber, comprometerse, como Jesús a no desistir de la actividad salvadora (representada por el pan) por miedo a la muerte (8,34; 10,38.45; 13,37; 14,3); a este compromiso corresponde el don del Espíritu (cf. 1,10); la alianza mía sustituye para los discípulos (israelitas) a la del Sinaí (cf. 2,19s, «el esposo/novio»); su sangre sella la alianza (Éx 24,8) (23). No basta ya el fruto de la antigua vid/Israel (12,1ss.29-31: los dos mandamientos); el vino/amor nuevo (2,21), expresado en el mandamiento de Jesús (13,34.37), será la entrega de sus seguidores (8,34s); en el reino de Dios: Jesús estará presente en la misión y en la eucaristía de la nueva comunidad (1,15; 9,1; 10, 15s) (25). El Monte de los Olivos, el estado glorioso (13,3), meta de Jesús y de los suyos que lo sigan en el compromiso (11,1) (26).

martes, 16 de agosto de 2011

DESENLACE: PASIÓN, MUERTE Y RESURRECCIÓN (14,1-16,8). Propósito de las autoridades. Mc 14,1-11

(Mt 26,1-5; Lc 22,1-2; Jn 11,45-53).

14   1Dos días después se celebrarán la Pascua y los Ázimos. Los sumos sacerdotes y los letrados andaban buscando cómo darle muerte prendiéndolo a traición, 2porque decían:
-Durante las fiestas, no, no vaya a haber un tumulto en el pueblo.

Unción en Betania. (Mt 26,6-13; Jn 12,1-8)

3Estando él en Betania reclinado a la mesa en casa de Simón el leproso, llegó una mujer llevando un frasco de perfume de nardo auténtico de mucho precio; quebró el frasco y se lo fue derramando en la cabeza. 4Algunos comentaban indignados:
-¿Para qué se ha malgastado así el perfume? 5Podía haberse vendido ese perfume por más de trescientos denarios de plata y habérselo dado a los pobres.
Y le reñían. 6Pero Jesús replicó:
-Dejadla, ¿por qué la molestáis? Una obra excelente ha realizado conmigo; 7porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros y podéis hacerles bien cuando queráis; a mí, en cambio, no me vais a tener siempre. 8Lo que recibió, lo ha llevado a la práctica: de antemano ha perfumado mi cuerpo para la sepultura. 9Os aseguro que en cualquier parte del mundo entero donde se proclame esta buena noticia, se recordará también en su honor lo que ha hecho ella.

Traición de Judas (Mt 26,14-16; Lc 22,3-6)

10Judas Iscariote, aquel que era uno de los Doce, acudió a los sumos sacerdotes para entregárselo. 11Ellos, al oírlo, se alegraron y le prometieron darle dinero. Él andaba buscando cómo entregarlo y el momento oportuno.

EXPLICACIÓN.

14,1-16,8. Tercer período: Pasión, muerte, resurrección. Después de un tríptico introductorio (14,1-11), dos relatos en paralelo, que se sitúan el mismo día (14,12) para mostrar la misma realidad bajo dos aspectos. El primero (14,12-26) expone en clave teológica la voluntariedad y el sentido de la entrega de Jesús (eucaristía); el segundo (14,27-15,47) describe su entrega en forma narrativa. El anuncio de la resurrección (16,6-8) constituye el epílogo.

1-11. Tríptico introductorio, enmarcado por la decisión de los dirigentes (12,1-2) y la traición de Judas (14,10-11). Plan para matar a Jesús (1-2) y reacciones: identificación con su muerte o incomprensión (3-9) y traición y entrega (10-11).

a) (14,1-2): Temor de los dirigentes al pueblo (7,6: 11, 32; cf. 11,18; 12,12.37, la multitud, favorable a la enseñanza de Jesús en el templo). Durante las fiestas, cuando la afluencia de peregrinos era grande.

b) (14,3-9): La mujer y los que protestan de su acción representan dos actitudes dentro de la comunidad de Jesús ante su muerte inminente. La mujer es figura del perfecto seguidor, que responde a la muerte de Jesús con su disposición a dar la vida como él (cumplir su mandamiento, 13,34.37). Simbolismo nupcial: el perfume de nardo, símbolo del amor de la esposa (Cant  1,12; cf. Mc 2,19.20: el novio/esposo); quebrar el frasco, amor dispuesto a dar la vida (8,34s); este amor de los seguidores unge la cabeza de Jesús, es decir, reconoce y confirma su realeza, que va a ser proclamada en la cruz (15,26); los verdaderos seguidores son los que aceptan como rey a Jesús crucificado. Contraste con la escena de Getsemaní (14,32-42) (2-3). Los que niegan valor al gesto de la mujer, lo niegan a la muerte de Jesús: malgastar gr. apóleia, en relación con el «perder la vida» que entra en el compromiso del seguidor (8,35). Los que riñen a la mujer ven en la muerte sólo un caso; mantienen la distancia entre ellos y los pobres. Precio del perfume: interpretan mal una frase anterior de Jesús (10,21), como si la limosna fuese el remedio de la pobreza; dispuestos a dar cosas, pero no su persona; la verdadera ayuda a los pobres está en la entrega por ellos hasta el fin (10,45: «rescate») (4-5). Jesús defiende a la mujer. La comunidad tendrá siempre a los pobres con ella y podrá ayudarles comparo tiendo con ellos (cf. 6,37ss; 8,5ss), pero Jesús espera una respuesta de los suyos antes de su muerte (6-7). El amor de la mujer, semejante al de Jesús, asegura la incorruptibilidad de éste, su presencia en la comunidad después de su muerte. Único homenaje digno de la muerte de Jesús (8). Tal calidad de seguimiento es parte de la buena noticia. Misión universal (9).


c) (14,10-11): Judas no ha sido nombrado desde 3,19 (lista de los Doce). Uno de los Doce, un miembro del Israel mesiánico. La acción de Judas es paradigma de la de la multitud judía, que, habiendo mostrado su simpatía por Jesús (11,18; 12,12.37), nunca ha aceptado sus valores e, incitada por los sumos sacerdotes, pedirá su muerte (15,11s). Al darse cuenta de la inevitable suerte de Jesús, Judas busca la seguridad poniéndose del lado del más fuerte (oportunismo), insensible a la injusticia de la institución a la que acude. Quiere poner a salvo su vida dando a cambio la de Jesús (8,35). La institución lo acepta (dinero).

RESPUESTA DE JESÚS. LA RUINA DE JERUSALÉN NO ANUNCIARÁ LA RESTAURACIÓN, DARÁ COMIENZO AL PROCESO LIBERADOR. Mc 13,5-37.

(Mt 24,4-8; Lc 21,8-11).

5 Jesús se puso a decirles:
-¡Cuidado con que nadie os engañe!
6Llegarán muchos diciendo en nombre mío que yo soy y extraviarán a muchos.
7En cambio, cuando empecéis a oír estruendo de batallas y noticias de batallas, no os excitéis; tiene que suceder, pero todavía no es el fin.
8Es decir, se levantará nación contra nación y reino contra reino, habrá terremotos en diversos lugares, habrá hambre: eso es el principio de los dolores.

La misión: Persecución y fidelidad (Mt 24,9-14; Lc 21,12-19)

9Y vosotros, ¡cuidado con vosotros mismos! Os entregarán a consejos judíos y os apalearán en sinagogas, y os harán comparecer ante gobernadores y reyes, por causa mía, como prueba contra ellos, 10pues primero tiene que proclamarse la buena noticia a todas las naciones.
11Cuando os conduzcan para entregaros, no os preocupéis por lo que vais a decir, sino aquello que se os comunique en aquella horas, decidlo, pues no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu Santo.
12Un hermano entregará a su hermano a la muerte, y un padre a su hijo; se levantarán en el juicio hijos contra padres y los harán morir, 13y seréis odiados de todos por razón de mi persona. Pero aquel que resista hasta el fin ése se salvará.

La ruina de Jerusalén: No habrá señal salvadora (Mt 24,15-28; Lc 21,20-24).

14Cuando veáis que el execrable devastador ha puesto el pie donde no tiene que hacerlo -téngalo presente el lector-, entonces, los que estén en Judea huyan a los montes, 15el que esté en la azotea no baje ni entre para coger algo de su casa, 16y el que esté en el campo no vuelva atrás para coger su manto.
17¡Pobres las que estén encinta o criando en aquellos días!
18Pedid que no suceda en invierno.
19Porque aquellos días serán una angustia tal como no la ha habido desde el principio de la humanidad que Dios creó hasta ahora, no la habrá nunca más.
20Y si el Señor no hubiese acortado los días, no se salvaría ningún mortal, pero por los elegidos que él eligió ha acortado los días.
21Y entonces, si alguien os dice: "Mira, aquí está el Mesías, míralo allí", no lo creáis, 22porque surgirán mesías falsos y profetas falsos y ofrecerán señales y prodigios que desviarían, si fuera posible, a los elegidos.
23¡Y vosotros, cuidado!, os lo he predicho todo.

El proceso liberador en la historia, fruto de la misión. (Mt 24,29-31; Lc 21,25-28).

24Ahora bien, en aquellos días, después de aquella angustia, el sol se oscurecerá y la luna no dará su resplandor, 25las estrellas irán cayendo del cielo y las potencias que están en el cielo vacilarán, 26 y entonces verán llegar al Hombre entre nubes, con gran potencia y gloria, 27y entonces enviará a los ángeles y reunirá a sus elegidos de los cuatro vientos, del confín de la tierra al confín del cielo.

La ruina de Jerusalén: Su momento. (Mt 24,32-35; Lc 21,29-33).

28De la higuera, aprenden el sentido de la parábola: Cuando ya sus ramas se ponen tiernas y echa las hojas, sabéis que el verano está cerca.
29 Así también vosotros: cuando veáis que esas cosas están sucediendo, sabed que está cerca, a las puertas.
30 Os aseguro que no pasará esta generación antes que todo eso se cumpla.
31El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

La misión de la comunidad: Entrega plena (Mt 24,36-44).

32En cambio, en lo referente al día aquel o la hora, nadie entiende, ni siquiera los ángeles del cielo ni el Hijo, únicamente el Padre.
33¡Andaos con cuidado, ahuyentad el sueño, que no sabéis cuándo va a ser el momento! Es como un hombre que se marchó de su país: dejó su casa, dio a los siervos su autoridad -a cada uno su tarea- 34y en especial al portero le mandó mantenerse despierto.
35Por tanto, manteneos despiertos, que no sabéis cuándo va a llegar el señor de la casa -si al oscurecer o a media noche o al canto del gallo o de mañana-, 36no sea que, al llegar de improviso, os encuentre dormidos.
37Y lo que os digo a vosotros, lo digo a todos: manteneos despiertos.

EXPLICACIÓN.

5-37. Respuesta de Jesús. En cada parte de la respuesta se distinguen dos unidades: en la primera responde Jesús a un aspecto de la pregunta de los discípulos; en la segunda trata de la misión.

a) (13,5-13): Primera unidad (5-8): Jesús deshace el presupuesto de los discípulos de que el desastre significa la inminencia «del fin» (la restauración mesiánica, «la idea humana»). Aviso inicial (5b). Cuando comience la guerra habrá mensajes proféticos (cf. Jr -11,21; 14,4s; 23,25; Zac 13,3) falsos en el grupo de discípulos, atribuyendo a Jesús (yo soy, cf. Éx 3,14; Dt 32,39; Is 43,10s; 52,6s, de Dios que va a salvar) el papel Mesías davídico que ha de salvar la situación (6). Peligro para los discípulos (no os excitéis, entusiasmo), que, como lo ha mostrado la pregunta participan de esa ideología. El inevitable (tiene que suceder) desastre no será el fin (7), sino el principio de los dolores en el parto de humanidad nueva. Terremotos, figura del terror producido por la rapidez de la invasión al 2,10; Jr 49,20ss; 51,28ss); hambre, consecuencia la guerra. La salvación no se realizará por un cambio brusco de la situación, sino por una maduración lenta (8).

Segunda unidad (9-13): Actitud del discípulo en la persecución. Aviso inicial (9). Persecución por parte de sus connacionales a causa de su ruptura con los ideales judíos, manifestada en la misión entre los paganos. Ser entregado, correlativo de «entregarse» (4,29; 8,34: «cargar con la cruz»), Tribunales judíos (consejos) y paganos (reyes y gobernadores, cf. 10,42), como a Jesús (10,33s; 14,55; 15,1); os apalearán, cf. 12,3.5. La salvación/maduración de la humanidad se irá realizando mediante la proclamación de la buena noticia a todas las naciones (10). Los poderes son enemigos del hombre y del mensaje; la persecución lo prueba (como prueba contra ellos); primero: la proclamación al mundo entero (14,9) es condición para «el fin» (cf. v. 7). La hora, la pasión del discípulo; con el Espíritu, ellos denunciarán la persistente infidelidad de Israel (11). El odio originado por la ideología rompe los vínculos de sangre. Tendrán que afrontar las rupturas más dolorosas. La constancia en la entrega llevará al discípulo a su plena maduración (fin individual, salvación) (cf. 8,35) (12-13).

b) (13,14-27): Primera unidad (14-23): Jesús invalida el otro presupuesto de los discípulos: no habrá señal salvadora (cf. 8,12). El execrable devastador (cf. Dn 9,27; 11,31; 12,11), el ejército romano que invade la tierra (cf., de otras invasiones, Jr 4,7; 7,1-10.34; 22,5; 32; 25,18) destinada por Dios a Israel (donde no tiene que hacerlo). Aviso al lector: atención a los sucesos, para huir a tiempo (14). Exhortación (15-16): fuga sin demora (como de Babilonia, Is 48,20; Jr 51,6.45; como de Sodoma (Gn 19,17; cf. Dt 29,21-24) no hay esperanza de salvación para Jerusalén. Centro (17-20): La ruina. Compasión de Jesús por los débiles; se destruye la esperanza de vida (2 Re 15,16; Os 14,1; Am 1,13; Sal 137,8s: crueldad con las embarazadas y con los niños) (17); con la oración (no con la resistencia), los discípulos han, de solidarizarse con las víctimas inocentes (18). El desastre no tendrá Igual  en la historia (Dn 12,1); su gravedad no se debe sólo a su crueldad, como sobre todo al valor de lo que se destruye: una historia de salvación acaba en la ruina la infidelidad definitiva aniquila el pasado de Israel (12,6-9); es «el principio de los dolores» (13,8) (19). Los elegidos, los israelitas fieles, a los que Dios salva la vida (Dt 4,40; 6,2.24; 8,1; 11,8s) (20). Exhortación (21-22), previniendo contra las falsas esperanzas de salvación, que podrían tentar a los discípulos y provocar su separación de Jesús; profetas falsos Jr 33,7.8.11.16; 35; 36), que prometen, liberación y pretenden legitimar a los falsos mesías (22). La predicción está completa; no habrá señal salvadora (23).

Segunda unidad (24-27): se describe el proceso liberador en la historia después de la caída de Jerusalén. Continúan «los dolores» del parto (13,7) de la humanidad nueva. La conmoción cósmica, recurso literario de los profetas para indicar la caída de un poder opresor, que produce un viraje en la historia (Is  13, Babilonia; 34, Edom; Jr 4,20-23; Ez 32,7s, Egipto; JI 2,10; 3,4; 4,15; Am 8,9). Sol y luna, las divinidades paganas (Dt 4,19s; 17,3; Jr 8,2; Ez 8,16): los valores representados por ellas pierden su brillo (24); los poderes políticos opresores del hombre legitimados por ellas, que se atribuían dignidad divina (estrellas, cf. Is 14,12-14; 24,21; Dn 8,10; potencias que están en el cielo, opuestas «al Padre que está en el cielo», 11,25) van vacilando y cayendo (25). Llegada iterada del Hombre a lo largo la historia (la primera vez la ruina de Jerusalén, 14,62): cada caída de un poder opresor es un triunfo del Hombre, percibido por los mismos opresores (14,62); entre nubes, verdadera condición divina, la del Hombre; la llegada equivale a la de Dios mismo (Sal 89/88,7; 68/67,34); potencia, fuerza que da vida (12,24;14,62); gloria, realeza, la del Padre (8,38) (26). Reúne (cf. 4,29) a sus elegidos (por oposición a los de la antigua alianza, vv.20.22), los que «han resistido hasta el fin» (13,13; cf. 10,38s) en la misión, el nueva pueblo (12,9.10s) o nueva humanidad, de origen judío o pagano (los cuatro vientos, cf. Dt 28,64; 30,4), para integrarlos en la comunidad definitiva, «el fin» (13,7.13: «se salvará»), el reino de Dios y del Hombre (27).

c) (28-37): Primera unidad (28-31): respuesta a la cuestión del «cuándo» (v. 4). Ante todo, la ruina tiene un aspecto positivo. La parábola es la de 12,1-9; en 12, se anuncian al mismo tiempo destrucción aspecto negativo) y paso del Reino a otros pueblos (aspecto positivo); higuera nueva y viva (cf. 11,13.20); las ramas (cf. 4,32, del reino de Dios); las hojas (cf. 11,13); el verano, tiempo de la cosecha (cf. 4,29, del hombre nuevo) (28). Así también vosotros (cf. 7,17, de la incomprensión) (29). La destrucción de Jerusalén y la entrada de los paganos en el reino tendrán lugar dentro de la misma generación (cf. 9,1); generación, la del Mesías, infiel como la del desierto (8,12.38; 9,19; Dt 2,5.20; Sal 95,10) (30). Certeza (31).


Segunda unidad (32-37). Introducción: El día, la llegada del Hombre (13,26), la salvación (13,27: el Reino definitivo); la hora, la de la pasión del discípulo (13,11: ayuda divina, el Espíritu); ambos, acontecimientos no únicos, sino iterados, constituyen el «fin de cada discípulo 3,13); nadie entiende, a nadie competen más que al Padre; toca a él solo reivindicar al Hijo y a sus seguidores ante los perseguidores (cf. 2,36); confianza en su amor (Padre, nombre de Dios en la comunidad cristiana; cf. 13,19: «Dios», el Creador, referido a la humanidad entera; 13,20.22: «el Señor» = Yahvé, a la antigua alianza) (32). Lo que toca a los discípulos es cumplir con su tarea. Analogía: un hombre... de viaje, cf. 12,1; su casa/hogar, cf. 2,15; 9,33b; 10,10, la nueva comunidad, compuesta de los dos grupos de seguidores; los siervos, para rescatar a los  que sufren la opresión (cf. 10,44.45); su autoridad, el Espíritu (2,10), para borrar el pasado (2,5) y comunicar vida (2,10ss); su tarea, modo personal de ejercer el servicio (33). El portero, la comunidad en cuanto ha de abrir las puertas a los paganos (cf. 13 ,29: «a las puertas»); mantenerse despierto, aceptar y hacer propia la actitud de Jesús ante la persecución y la muerte, que aparece como un fracaso (cf. 14,34.37s; 3,9-13; 8,34: «renegar de sí mismo, cargar con su cruz»). Esta entrega por amor a la humanidad es el mandamiento de Jesús (le mandó; cf.10, 3.5), que sustituye a los de la antigua alianza (12,29-31) (34). El señor de la casa (cf. 12,9: «el señor/dueño de la viña»), función divina de Jesús, el Hombre; al oscurecer, etc., las cuatro partes en que los romanos dividían la noche (cf. 6,48); contexto de misión universal (13,10; 4.9); de improviso, no hay tiempo para cambiar de actitud.(v. 33: “no sabéis” el momento de la persecución); dormidos, la fidelidad de los discípulos, en peligro (cf. 14,37.40.41) (35-36). El mandamiento vale para todos sus seguidores, tanto los discípulos, israelitas (vosotros) como para los no israelitas (todos) (37).

INTRODUCCIÓN AL DISCURSO. PREGUNTA DE LOS DISCÍPULOS. Mc 13,3-4.

(Mt 24,3: Lc 21,7)

3Mientras estaba sentado en el Monte de los Olivos, enfrente del templo, le preguntó aparte Pedro, con Santiago, Juan y Andrés:
-Dinos cuándo van a ocurrir esas cosas y cuál va a ser la señal, cuando esto esté tocando todo a su fin.

EXPLICACIÓN.


3-4. Pregunta: En el Monte de los Olivos, figura del estado glorioso definitivo (sentado) de Jesús, después de su pasión y muerte (11,1; 14,25; cf. Ez 11,23). Sigue enfrentado con el templo explotador (cf. 11,2; 12,41; Zac 14,4). Mc va a insertar, pues, un dicho profético de Jesús al grupo de discípulos, comunicado después de su muerte (en el discurso no hay mención de ésta ni de la resurrección, pertenecen al pasado). Pedro arrastra a los demás (1,36; 8,29; 9,5; 10,28; 14,29); primer subgrupo de los Doce (los tres primeros, cf. 3,16s; 5,37; 9,2); Andrés representa al segundo subgrupo (3,18); el tercero, Judas, después de la resurrección, ya no está. Los cuatro representan, por tanto, a todos los discípulos (israelitas) de Jesús después de la resurrección (3). Urgencia (Dinos). Quieren saber el momento del desastre anunciado (13,2); creen que la situación extrema será anuncio del cambio de época y del reino mesiánico (el fin; tocar a su fin, Dn 8,13; 9,27; 11 ,31) Y esperan una señal (cf. 8,11.12, de los fariseos) de la intervención divina salvadora (cf. Dn 9,24; 12,1-7). Los discípulos conservan su ideal de gloria nacional (8,33: «la idea humana») aun después de la resurrección (cf. Hch 1,6); no comprenden, a pesar de la muerte de la higuera (11,20), de la parábola (12,9) y de la predicción anterior (13,2) (4).

VIII. EL GRUPO CRISTIANO EN LA HISTORIA. Predicción de la ruina del templo. Mc 13,1-2.

(Mt 24,1-2; Lc 21,5-6).

13   1Mientras se alejaba del templo uno de sus discípulos le dijo:
-Maestro, ¡mira qué sillares y qué edificios!
2Jesús le dijo:
-¿Ves esos grandes edificios? No dejarán ahí piedra sobre piedra que no derriben.

EXPLICACIÓN.

1-37. Octava sección: Una predicción inicial (1-2) da pie a una pregunta de los discípulos (3-4). Respuesta de Jesús, dividida en tres partes (5-13.14-27.28-37).


1-2. Predicción: Jesús abandona definitivamente el templo. Un discípulo, exponente de los ideales de todos ellos, ve encarnada en los edificios la gloria de la nación judía, con cuyo ideal se identifica (1). Pero la gloria de Israel no está en edificios, sino en la fidelidad a Dios (11,17; 12,1ss): el esplendor aparente es debilidad; Jesús anuncia la total destrucción (cf. Miq 3,9-12; Jr 7,11s) (2).

DONATIVOS AL TEMPLO. LA VIUDA POBRE. Mc 12,41-44.

(Lc 21,1-4).

41Se sentó enfrente de la Sala del Tesoro y observaba cómo la gente iba echando monedas en el tesoro; muchos ricos echaban en cantidad. 42Llegó una viuda pobre y echó dos ochavos, que hacen un cuarto. 43Convocando a sus discípulos, les dijo:
-Esa viuda pobre ha echado en el tesoro más que nadie, os lo aseguro. 44Porque todos han echado de lo que les sobra; ella, en cambio, sacándolo de su falta, ha echado todo lo que tenía, todos sus medios de vida.

EXPLICACIÓN.


41-44. Perícopa final de la sección: Se contrapone al tríptico inicial (11,17: dinero, explotación del pueblo). La viuda, miembro débil de la sociedad (12,40), representa al Israel fiel (cf.  Jr 51,5), que, en medio de esa realidad corrompida, ama a Dios como absoluto (44: todo, todos, cf. 12,30). Jesús convoca a los discípulos, que no habían aceptado su exigencia de dejar la riqueza (10,23-26). No son los ricos de Israel quienes valen a los ojos de Dios, sino los que ponen su confianza en él y no en el dinero. Esta confianza equivale a la del discípulo (10,21: «tendrás en Dios tu tesoro»), La viuda, antítesis de los dirigentes, infieles a Dios por su amor al dinero (44).

EL LETRADO: EL PRINCIPAL MANDAMIENTO. Mc 12,28-40

(Mt 22,34-40; Lc 10,25-28)

28Se le acercó un letrado que había oído la discusión y notado lo bien que respondía, y le preguntó:
-¿Qué mandamiento es el primero de todos?
29Respondió Jesús:
-El primero es: "Escucha, Israel: El Señor nuestro Dios es el único Señor; 30amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas". 31 El Segundo, éste: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo". No hay ningún mandamiento mayor que éstos.
32El letrado le dijo:
-Muy bien, Maestro, es verdad lo que has dicho, que es uno solo y que no hay otro fuera de él; 33y que amarlo con todo el corazón y con todo el entendimiento y con todas las fuerzas y amar al prójimo como a uno mismo supera todos los holocaustos y sacrificios.
34Viendo Jesús que había respondido inteligentemente, le dijo:
-No estás lejos del reino de Dios.
Y ya  nadie se atrevía a hacerle más preguntas.

Doctrina de los letrados. El hijo/sucesor de David. (Mt 22,41-46; Lc 20,41-44).

35Mientras enseñaba en el templo, abordó Jesús la cuestión preguntando:
-¿Cómo dicen los letrados que el Mesías es sucesor de David? 36David mismo, movido por el Espíritu Santo dice:
Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha,
mientras hago de tus enemigos estrado de tus pies (Sal 110,1).
37 David mismo lo llama Señor;  entonces, ¿de dónde sale que es sucesor suyo?
La multitud, que era grande, disfrutaba escuchándolo.

Conducta de los letrados (Mt 23,1-36; Lc 20,45-47).

38Entre lo que enseñaba, dijo:
-¡Cuidado con los letrados! Esos que gustan de pasarse con sus vestiduras y de las reverencias en la calle, 39de los primeros asientos en las sinagogas y de los primeros puestos en los banquetes; 40esos que se comen los hogares de las viudas con pretexto de largos rezos. Esos tales recibirán una sentencia muy severa.

EXPLICACIÓN.

28-40. Tercer tríptico: Jesús y los letrados.

a) (12,28-34): Un letrado fariseo. Busca solución a una discusión de escuela (28). Respuesta de Jesús: En el AT no había un sólo mandamiento principal, sino dos: el amor/fidelidad a Dios era inseparable del amor/lealtad al hombre. Dios era el valor absoluto (con todo tu corazón, etc.), el hombre, relativo (como a ti mismo). Tal era el llamamiento hecho a Israel en la antigua alianza (Escucha, Israel, cf. Dt 6,4s), que los dirigentes han traicionado con su explotación del pueblo (11,17) (29-31). El ideal de amor propio del Reino será propuesto en la institución de la eucaristía (14,22-25; d. 10,45; 13,37). El letrado afirma la precedencia de estos dos mandamientos sobre los preceptos cultuales, que pretendían honrar solamente a Dios (32-33). Quien está por el bien del hombre no está lejos del Reino (cf. 1,15: enmienda). Invitación implícita de Jesús. El letrado no da su adhesión a Jesús. Teoría sin práctica (34).


b) (12,35-37): Doctrina de los letrados sobre el Mesías. Desde la entrada en Jerusalén y la aclamación mesiánica de la multitud (11,9s), estaba pendiente la cuestión del mesianismo de Jesús. Ataca la doctrina de los letrados. El Mesías no es hijo/sucesor de David (cf. 10,47s), sino su Señor (cf. 11,3). Es decir, David no es modelo para el Mesías ni el reino de éste va a limitarse a Israel. Jesús rechaza el mesianismo davídico, el de un rey guerrero y victorioso, fomentado por la enseñanza oficial (letrados). La restauración del trono de David y la hegemonía de Israel sobre los demás pueblos no son más que una ilusión y son incompatibles con el designio universal de Dios (cf. 8,33: <<la idea de Dios>>; 3,14, Israel, al servicio de los demás pueblos).

c) (12,38-40): Praxis de los letrados, su ambición de honor y dinero. Deseo de prestigio y preeminencia (38); quieren ser siempre primeros (39; cf. 9,35; 10,44). Utilizan la religión para explotar a los débiles (cf. 7,6) (40).